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La rabia es el abogado más caro que puede contratar

Hubo una época de mi vida en que la rabia me quemaba por dentro. No la de un cliente: la mía.

Y aprendí algo que no está en ningún Código: la rabia es muy buena para arrancar un proceso y malísima para terminarlo.

La rabia no cobra honorarios. Cobra años.


Quiero ser claro: la rabia no es el enemigo. Es información. Avisa que algo le pasó, que hubo un abuso o una pérdida, y mucha gente que debió defenderse no lo hizo justamente porque nunca se permitió sentirla. La rabia es un buen testigo.

El problema es cuando pasa de testigo a abogado. Cuando es ella la que decide qué se pide, cuánto se gasta y cuándo se acepta un arreglo. Ahí sale carísima.

Cómo cobra la rabia

  1. 1Cobra en pretensiones. Le hace pedir más de lo que le corresponde, y una pretensión inflada le quita credibilidad en todo lo demás.
  2. 2Cobra en arreglos rechazados. He visto rechazar un acuerdo bueno un martes y aceptar uno peor dos años después, porque aceptar en el momento se sentía como darle la razón al otro.
  3. 3Cobra en honorarios. Cada escrito nacido de una rabia del domingo es un escrito que alguien cobra. Cada recurso que no tenía posibilidad real es otra factura.
  4. 4Cobra en salud. Presión, insomnio, gastritis. He visto gente ganar un juicio y entrar al hospital el mismo mes.
  5. 5Cobra en gente. Hijos en el medio, hermanos que no se hablan, socios convertidos en enemigos. La rabia nunca acepta que ése es un costo: lo llama justicia.

Nadie manda un escrito a las once de la noche y amanece contento de haberlo mandado.

Cinco señales de que está decidiendo ella

Las tres preguntas que la sacan de la mesa

No son terapia. Son las tres preguntas que yo uso en la oficina y que cualquiera puede usar solo, con una hoja:

  1. 1¿Esto que voy a hacer me acerca a lo que quiero, o solo lo aleja a él de lo que quiere? Si la respuesta es la segunda, no es estrategia: es desquite, y se paga.
  2. 2¿Firmaría esto mismo dentro de un mes? La rabia tiene fecha de vencimiento corta. Lo que resiste treinta días, resiste.
  3. 3¿Cuánto de mi vida le estoy dando a esta persona? Cuente las horas de la semana que pasa pensando en esto. Después pregúntese si esa persona merece ese tiempo.

Lo que no significa

No estoy diciendo que perdone, ni que se aguante, ni que firme para estar en paz. Soy abogado: hay abusos que se enfrentan y derechos que se exigen, y hacerlo con firmeza es sano.

Lo que digo es que se puede exigir con firmeza y sin rabia, y que el resultado es mejor. El que exige sin rabia pide lo justo, prueba mejor, aguanta más y negocia desde arriba. La rabia se nota, y el que la nota la usa.

Lo que a mí me funcionó

Tres cosas, y las digo sin pretender que sean receta para nadie. Primero, ponerle nombre: no «estoy bien», sino «estoy con rabia». Segundo, aceptar que era mía y no del otro, lo cual es incómodo pero es lo que le devuelve a uno el control. Tercero, decidir solo después de eso.

Eso es el método con el que trabajo: reconocer, aceptar y accionar. En ese orden. Cuando se acciona antes de reconocer, lo que se firma no lo firmó usted.

Los dos expedientes de este caso

Expediente I

El jurídico

  • Pretensión razonable
  • Prueba
  • Costo del proceso
  • Alternativa al acuerdo

Expediente II

El emocional

  • Rabia
  • Humillación
  • Necesidad de desquite
  • Insomnio
  • Ganas de que se sepa

Qué hacer · el método R.A.A.

Reconocer

Dígalo con nombre: «estoy con rabia». No «estoy bien». Es el paso que la mayoría se salta.

Aceptar

Acepte que la rabia es suya, no del otro. Mientras sea del otro, la maneja el otro.

Accionar

Decida después, no antes. Y si algo no lo firmaría dentro de un mes, no lo firme hoy.

Preguntas frecuentes

¿Me está diciendo que perdone al que me hizo daño?

No es lo que le estoy pidiendo ni me corresponde pedirlo. Le estoy diciendo algo más práctico: que no deje que la rabia escoja sus pretensiones ni rechace sus arreglos. Puede exigir todo lo que le corresponde sin que la rabia lleve el caso.

Si me calmo, ¿no voy a ceder de más?

Pasa lo contrario, y lo he visto cientos de veces. Quien negocia con rabia se va a los extremos: pide imposibles o firma para que termine. Quien negocia con calma sostiene su piso durante meses, porque no necesita que la conversación se acabe hoy.

¿Y si la otra parte sí actúa con rabia?

Entonces usted tiene ventaja, y conviene no desperdiciarla. La parte enojada se equivoca: exagera, incumple formas, escribe cosas que después pesan. Mantenga la calma, documente y no responda en caliente.

Su caso

Si esto le pasó a usted, conversémoslo antes de que decida.

Veintiocho años de ejercicio en Costa Rica. Reviso el expediente jurídico y el emocional antes de que usted firme, demande o ceda.

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