Honestamente: ¿quién está decidiendo por usted?
Le voy a hacer la pregunta más incómoda que hago en una primera cita, y la hago siempre:
«¿Quién está decidiendo esto? ¿Usted, o alguien más?»
Casi nadie contesta «yo» de inmediato. Y la pausa antes de contestar es la que me dice cómo va a ir el caso.
En un conflicto siempre hay alguien decidiendo. El problema es cuando no es usted y no lo sabe.
Veintiocho años escuchando conflictos ajenos me dejaron una lista de seis candidatos. Léala despacio y vea cuál es el suyo, porque identificar quién tiene la pluma es lo que cambia el resultado más que cualquier argumento jurídico.
Uno: la rabia
El más común. Se reconoce porque las decisiones se toman de noche y los escritos se mandan en caliente. La rabia pide más de lo que corresponde y rechaza arreglos buenos. Cobra en años.
Dos: el miedo
Firma para que termine. Acepta lo primero que le ponen enfrente. Se reconoce porque el alivio dura dos días y después viene el arrepentimiento. El miedo no negocia: capitula y le pone otro nombre.
Tres: el qué dirán
«Si acepto esto, mi familia va a pensar que soy un tonto.» Aquí no decide usted: deciden seis personas que no están pagando los honorarios y que no van a vivir con la consecuencia. Es el más caro de todos, porque hace rechazar acuerdos que servían.
Cuatro: la otra parte
Esto es sutil y pasa mucho. Usted cree que está decidiendo, pero cada movimiento suyo es una reacción al último movimiento de él. Si cada paso suyo lo inicia el otro, no está dirigiendo su caso: lo está siguiendo.
Cinco: su abogado
Y lo digo siendo abogado. Un abogado debe darle los caminos, los costos y su recomendación. La decisión es suya. Si en su caso usted no sabe qué se pidió, cuánto se va a gastar ni por qué se eligió esta vía, no tiene un asesor: tiene un conductor.
Seis: la inercia
El más silencioso. Nadie decidió nada: el caso sigue porque ya empezó. Van tres años, nadie se acuerda del objetivo original, y cada mes se hace lo que toca. La inercia es la única de las seis que no se siente, y por eso es la que más dura.
No decidir también es decidir. Y entonces decide la inercia, que nunca le ha dado un buen resultado a nadie.
Cómo se recupera la pluma
- 1Escriba en una hoja qué quiere que pase. No qué va a pedir en la demanda: qué quiere que sea verdad en su vida dentro de dos años. Si no lo puede escribir en tres líneas, todavía no lo tiene claro.
- 2Escriba su piso. El mínimo que acepta, en frío, antes de la próxima conversación. El piso escrito es lo único que resiste una negociación difícil.
- 3Póngale fecha. «Para junio esto tiene que estar resuelto de una forma o de otra.» Sin fecha, la inercia gana por abandono.
- 4Pida los caminos, no el camino. A su abogado: dos o tres opciones con costo y plazo. Elegir entre opciones es decidir; aprobar la única que le pusieron no lo es.
- 5Revise quién tiene la pluma cada mes. Una sola pregunta, el primer lunes: «¿esto que estoy haciendo lo decidí yo?»
Por qué me importa tanto esto
Porque he visto a mucha gente perder años en un conflicto que, cuando se les preguntaba, ya ni querían. Seguían por rabia, por el qué dirán o por inercia. Y lo que recuperan cuando toman la decisión de verdad no es plata: son los domingos.
Mi oficio, al final, es ese: que la decisión que usted tome la tome usted. Con los dos expedientes sobre la mesa, con el costo a la vista, y en calma. Porque la que se firma con rabia o con miedo se cumple igual, y la vive usted, no quien la decidió.
Los dos expedientes de este caso
Expediente I
El jurídico
- Objetivo escrito
- Piso
- Caminos con costo y plazo
- Fecha límite
Expediente II
El emocional
- Rabia
- Miedo
- Qué dirán
- Inercia
- Dependencia del otro
Qué hacer · el método R.A.A.
Reconocer
Identifique cuál de los seis tiene la pluma en su caso. Es incómodo y toma cinco minutos.
Aceptar
Acepte que lo que se firma lo vive usted, no quien lo empujó a firmarlo.
Accionar
Escriba su objetivo en tres líneas, su piso y una fecha. Y pida caminos, no un camino.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si mi abogado está decidiendo por mí?
Hágase tres preguntas: ¿sé qué se pidió en mi nombre?, ¿sé cuánto va a costar en total? y ¿me ofrecieron más de un camino? Si alguna respuesta es no, pida una reunión para que se lo expliquen. No es desconfianza: es su caso.
Mi familia me presiona para no ceder. ¿Qué hago?
Escúchelos y después decida solo. Una pregunta ayuda mucho en estos casos: ¿quién va a pagar los honorarios y vivir con el resultado? Quien responde a esa pregunta es quien debe decidir.
Llevo años en un proceso y ya no sé qué estoy buscando. ¿Es tarde?
No. Un proceso en curso se puede replantear: se puede acordar, se puede acotar a lo esencial y se puede cerrar. Pida una revisión completa del caso con tres preguntas: qué falta, cuánto más cuesta y qué me ofrecen hoy si quiero terminar.
Su caso
Si esto le pasó a usted, conversémoslo antes de que decida.
Veintiocho años de ejercicio en Costa Rica. Reviso el expediente jurídico y el emocional antes de que usted firme, demande o ceda.
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